COLUMNA DE OPINIÓN

NO SIRVE MODIFICAR EL CODIGO PENAL

En la promulgación del Código Civil y Comercial de la Nación en los primeros días de octubre del 2014 y posteriormente por cadena nacional -el 21 de dicho mes-, la ex presidenta Cristina Kirchner anunció el envío al Congreso del Nuevo Código Procesal Penal de la Nación.

El Código aprobado establece en su artículo 3° que dicho cuerpo legal entraría en vigencia en la oportunidad que estableciera una Ley de Implementación destinada a llevar a cabo la reforma, la cual fue sancionada junto con un conjunto de leyes el 10 de junio del 2015 y dispuso la entrada en vigencia a partir del 1° de marzo de 2016.

Pero con la llegada de Germán Garavano al Ministerio de Justicia quedó sepultada la suerte del “Código K”. El ministro lo consideró “la antítesis de lo que realmente necesita el sistema de justicia de la Argentina”, y eso se vio plasmado en la vísperas de la nochebuena del 2015 donde el presidente Macri firmó el DNU 257/2015 con la suspensión de la aplicación del Código Procesal con el fundamento que no se encuentran reunidas las condiciones básicas para asegurar la implementación proyectada para marzo del 2016. Pero la novela del Código no termina acá. En el 2016 Garavano expuso en un plenario de comisiones del Senado un nuevo Código: ahora sería el Procesal Penal Federal, con 46 modificaciones al suspendido “Codigo K”.

Ahora bien, con la incipiente presentación del nuevo Código Penal es necesario pensar si no es más importante primero avanzar en el Código de formas antes que el Código de fondo. En ta sentido, somos el único país en América Latina que todavía no adoptó el sistema acusatorio y eso no es para vanagloriarnos.

Marca la historia que cuando se tuvo que escoger en 1990 por que tipo de Código nos ibamos a regir entre el redactado por el doctor Julio Maier -que era de netamente acusatorio- y el Código Levene se optó por este último, quedándose a medio camino de una reforma integral.

La realidad social y la forma de llevar a cabo la investigación penal desde 1991 a la fecha cambio notablemente, necesitamos ir hacia una legislación de avanzada que contemple un sistema moderno y eficiente en la administración de la justicia, con técnicas y herramientas especiales de investigación.

Después de la reforma Constitucional del 1994 muchas provincias marcaron el camino y hubo un conjunto de reformas en muchos Estados provinciales que avanzaron en cambios sustanciales de sus sistemas procesales produciendo una modificación profunda en cuanto a las estructuras institucionales y el rol de las partes.

La mala imagen institucional del Poder Judicial que percibe la sociedad argentina que trae una sensación de impunidad y corrupción es culpa de procesos lentos e ineficaces y ahí es donde adquiere prioridad para su tratamiento el Código Procesal que es la ley de enjuiciamiento criminal y no el Código de las penas. De que nos sirve el tipo penal si no obtenemos condenas en plazos razonables?¿Cuál es el argumento de modificar las sanciones si no se controlan los procesos?

Lo cierto es que debemos saber marcar la diferencia. Modificar las penas no es tan urgente como atender los procesos y el fondo de la cuestión. Hasta que esto no pasé no habrá Justicia en la materia penal argentina y de nada servirá reformar el Código Penal actual.

Publicada en Perfil.com: http://www.perfil.com/columnistas/modificar-el-codigo-penal-no-sirve-para-nada.phtml

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